
Suena el celular. Es un número desconocido. Al otro lado, una voz firme te dice que tienen a tu hijo, a tu pareja o a tu mamá. De fondo se escucha a alguien llorando. Te exigen que no cuelgues y que consigas dinero ya.
En ese momento casi nadie piensa con claridad, y justo de eso se aprovechan los delincuentes. Muchas de estas llamadas son falsos secuestros: la persona está bien, pero el miedo lleva a la víctima a pagar en minutos.
Según un informe de Asocapitales y el Departamento Nacional de Planeación, entre enero y abril de 2026 se registraron 3.936 casos de extorsión en Colombia, un 8 % más que en el mismo periodo de 2025. En las ciudades capitales el aumento fue todavía mayor. Medellín aparece como la segunda ciudad del país con más denuncias este año.
Detrás de estas cifras hay muchas modalidades. El falso secuestro telefónico es de las más dañinas, porque no necesita violencia física: le basta con el pánico.
Recolectan información. Nombres, fotos, lugares, horarios. Buena parte la sacan de redes sociales: dónde estudia tu hijo, a qué gimnasio vas, cuándo estás de viaje.
Llaman en el momento justo. Cuando saben, o suponen, que el familiar no va a contestar: está en clase, en un vuelo, en el trabajo.
Usan la emoción. Gritos, llanto, amenazas. Hoy, con herramientas de inteligencia artificial, pueden imitar la voz de un familiar a partir de pocos segundos de audio publicados en internet.
Te aíslan. Te piden que no cuelgues y que no hables con nadie, para que no puedas verificar.
Presionan el pago inmediato. Transferencias, recargas, consignaciones o entregas de efectivo.
Te exigen no colgar bajo ninguna circunstancia.
Te prohíben llamar a la Policía o a otro familiar.
Piden el dinero ya y por medios difíciles de rastrear.
Dan datos generales (“su hijo, el de la universidad”) pero esquivan preguntas concretas.
No te dejan hablar con la persona de forma tranquila, o solo se escuchan gritos.
Cuelga. Recuperar el control es lo primero.
Verifica. Llama a tu familiar, o a alguien que esté con él (colegio, trabajo, amigos), desde otro teléfono.
No entregues dinero ni datos. Ni números de cuenta, ni direcciones, ni nombres de otros familiares.
Denuncia. Llama gratis a la Línea 165 del Gaula de la Policía Nacional. Así sea un intento fallido, tu denuncia ayuda a identificar a los responsables.
Si existe una amenaza real o una persona desaparecida, la prioridad es siempre comunicarse de inmediato con las autoridades.
La mejor defensa es que los delincuentes no tengan información con la cual construir el engaño:
Revisa la privacidad de las redes de toda la familia, en especial las de los adolescentes.
Evita publicar en tiempo real dónde estás o que estás de viaje.
Define con tu familia una palabra clave para emergencias.
Ten a mano los números de colegios, trabajos y amigos cercanos de tus familiares.
En A.P.I. Detectives del Eje trabajamos en la prevención y la verificación, siempre dentro del marco legal y en coordinación con las autoridades cuando corresponde:
Diagnóstico de exposición: revisamos qué información tuya, de tu familia o de tu empresa está públicamente disponible y te orientamos para reducirla.
Verificación de personas, perfiles y números que te han contactado de forma sospechosa.
Orientación para que sepas cómo actuar y a quién acudir.
Atendemos en Pereira, Medellín y el Eje Cafetero.
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